Nuestros políticos y la falta de planificación

Por todos es conocido que faltan 10 días para que se abra el nuevo aeropuerto de Quito, una obra que empezó en la anterior administración de la ciudad con Paco Moncayo, esto solo como un recordatorio.

Sí, es una obra que necesitaba Quito, pero tan brillantes son nuestros políticos de turno que se atreven a inaugurar un aeropuerto sin las vías de acceso que nos permitan llegar rápidamente a él. Claro, ya se que me dirán que tenemos vías para llegar, la pregunta es ¿en cuánto tiempo?. Sin tráfico toma aproximadamente 1h15m llegar allá en un día de feriado, ¿con tráfico tomará el doble? es decir 2h30m o tal vez más dado el tráfico capitalino y no es que quiera ser pesimista pero en un día de tráfico salir de mi oficina ubicada en el sector de Bellavista hacia el aeropuerto actual me tomaba aproximadamente 45m, ojo que hablo de hora pico. Esto ya es motivo de escándalo pues para mí se acabaron los vuelos de último momento, esos que se tomaba porque un cliente llamaba desde Guayaquil y uno salía corriendo de su oficina y en cuestión de 2 horas máximo estaba almorzando en Guayaquil.

Haciendo los cálculos de rigor con la inauguración de la obra insigne de la capital deberíamos contar que para ir a Guayaquil tendremos que emprender un viaje de 2h30m para llegar al aeropuerto + 30m de espera por el vuelo (asumiendo que nos dejen subir con solo presentarnos 30m antes caso contrario súmele al cálculo 30m más) + 30m de viaje efectivo a Guayaquil. Esto nos da un gran total de 3horas con 30 minutos (ojo tomando en cuenta que todo salga en orden, caso contrario súmele los picos adicionales que harán del viaje a Guayaquil 4 horas placenteras de feliz pérdida de tiempo). Es decir resulta la mitad del tiempo que viajar en bus.

Creo que las obras deben hacerse y no me resisto a tener la idea de un nuevo aeropuerto, me resisto a la idea de convertir a Quito en una capital anti-negocios, porque para mí se acabaron los negocios de último momento que todavía podíamos tener con el aeropuerto actual, tocará anticipar a todo mundo que en el mejor de los casos estaré en 4 horas en Guayaquil. De paso yo voy retirando de mi mente los viajes que no sean a las 7am con retorno en el último vuelo. Eso de viajar después de esas horas será para los que tengan tiempo que perder. De paso vaya alistando todos sus gadgets para cada viaje porque bien puede leerse un libro en ese tiempo obvio si no va conduciendo en cuyo caso prepárese para ir insultando al Alcalde a sus adentros como hago yo cada vez que me caigo en un hueco de esta ciudad.

Me aterroriza pensar en los viajes internacionales donde hay que estar 3 horas antes, lo que a la fecha de hoy serán 5h30m desde que uno sale de su casa, a eso súmele que no se ha informado nada. El Municipio está pecando al tenernos en el limbo así que les aconsejo que saquen una publicación que aclare los siguientes puntos:

  • ¿Va a existir transporte desde el viejo aeropuerto?, ¿de qué tipo?

  • ¿Se puede reservar asientos en los buses de transporte? o ¿tocará llegar a comprar ticket en ese momento? lo cual por nuestra cultura de último momento asegurará un caos

  • ¿Se puede ir en auto al nuevo aeropuerto?, si es así ¿dónde lo dejo?, ¿cuánto me costará?

  • ¿Existen companías de taxi que viajarán al nuevo aeropuerto? ¿cuánto costará? ¿existe un directorio?

  • ¿Es cierto lo que dicen los importadores referente a la cancelación de vuelos en la semana de apertura?, ¿por qué no se hicieron las previsiones para que esto no ocurra?

  • ¿Hay servicio de cafetería u hotel cerca del nuevo aeropuerto? porque dado el viajecito de ida ya no será tan fácil regresar a casa si a uno le cancelan los vuelos.

  • Para mí y ante tanta duda solo existe una inquietud: ¿por qué no pensar primero en tener vías eficientes de acceso?, ¿por qué no se planificó primero con los importadores y se sancionó en caso de que no tengan listos los procesos para empezar a operar?, ¿por qué no se socializó la idea?

    En lugar de una gran inauguración y espero equivocarme a nuestro Alcalde le espera un jalón de orejas de los capitalinos.


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